La educación es ante todo un
proceso de comunicación cuya
importancia aumenta en la medida en
que acerca distancias y relativiza
el tiempo. Así ocurre en la
educación virtual, donde median
canales y tecnologías sincrónicas
y asincrónicas que favorecen
la interacción de los estudiosos
(docentes-alumnos).
La interacción es la base de
la acción pedagógica,
pues constituye una búsqueda
de significados, de producción
de conocimiento y un acto de creación
con otros modos de pensar, sentir
y actuar; en este sentido, el aula
virtual es en sí misma un ámbito
comunicativo donde profesores y estudiantes
comparten, además de espacios
y herramientas virtuales, otros referentes
que se construyen y organizan en el
discurso, como por ejemplo los conocimientos,
los roles y las reglas de participación.
El manejo educativo de los anteriores
aspectos y de sus relaciones mutuas
configura (en este contexto) el centro
primordial del desarrollo de la inteligencia,
mediante el saber enseñar a
pensar; esto se posibilita en la modalidad
virtual gracias a la interrelación
profesor-alumno.
Desde esta perspectiva, la educación
virtual precisa de una comunicación
fluida, precisa y pertinente que abarque
e involucre el contexto significativo
del estudiante y del docente. En otras
palabras, una interacción educativa
que fluye y se dinamiza a través
de las tecnologías en la sociedad
de la información y del conocimiento.
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